18 dic 09

Echando la vista atrás y observando la filmografía e inquietudes de Spike Jonze no debería extrañarnos ver al autor dentro del berenjenal que significa llevar a la pantalla grande la obra de Maurice Sendak, autor que publico Donde viven los monstruos allá por el año de 1963 y que rápidamente se convirtió en un éxito de ventas, obra considerada hoy día un referente de la literatura infantil.

Cuento muy complicado de leer para un adulto, pero aún así lleno de segundas lecturas que abren varias vías al debate. Sendak nos narró los miedos, sueños prohibidos, pesadillas y deseos de libertad que tiene todo niño. Trazó la rebeldía que cualquier individuo tiene a edad temprana. Llevar estos planteamientos a la gran pantalla se convierte en una tarea complicada, tal vez por ello, nunca antes fue adaptado Maurice Sendak a pesar de la gran popularidad en su país de origen. Obviamos la adaptación teatral de esta obra, también la incursión del autor en la animación televisiva y las grandes influencias de este título en una película como fue Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986).

Max (Max Record) un pequeño vestido con piel de lobo realiza una travesura tras otra, ocasionado una gran discusión con su madre (Catherine Keener). Max decide abandonar el hogar y se embarca hasta llegar al mundo de los monstruos, allí él es uno más donde puede dar rienda suelta a sus deseos y fantasías. Una vez terminada la diversión Max emprende el camino de vuelta a casa, donde le espera un buen plato de comida y el calor de los suyos.

Hasta aquí Spike Jonze junto al guionista Dave Eggers se agarran a la historia escrita y dibujada por Maurice Sendak, pero es en ese regreso al hogar donde Jonze quiere separarse de Sendak, ya sea la necesidad de que la película alcance una duración estándar de largometraje, o por el contrario que el director y guionista quiera explicar aquello que Sendak no necesita hacerlo. Esperemos que Spike Jonze no piense que el espectador no esta preparado para comprender una obra escrita para niños entre cuatro y seis años.

El Max de Maurice Sendak solo deja la diversión por la conveniencia del “plato de comida” que le espera, es más sencilla que esa labor la haga tu madre que hacerla uno mismo, una acción comprensible en un niño de edad tan temprana. Por su parte Jonze nos muestra a un Max que renuncia a la diversión, un niño arrepentido por lo que ha hecho.

La moralina esta presente en la versión de Jonze, además se su suma una familia desestructurada, y el director pretende explicar detenidamente al espectador la historia. Y para hacerla más larga coloca otras subtramas en el mundo de los monstruos.

Mientras Sendak quiso mostrando el lado salvaje de la infancia Spike Jonce se mueve en lo moralmente correcto.

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Una Respuesta a “Crítica de la Película Donde viven los monstruos”

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