16 feb 10

El regreso de Disney a la animación tradicional, y sobre todo al “cuento clásico” habían levantando grandes expectativas, el comienzo de lo que se diluye una nueva etapa ha comenzado con buen pie, sin tirar la casa por la ventana, con un producto medio en su tratamiento, sin grandes artificios, sin necesidad de vender el “lo que nadie antes había hecho”. Ya tendrán tiempo, en los siguientes títulos, de mostrar todo el potencial técnico que es capaz de dar Disney.

El punto de inflexión o el elemento causante de una transición a los “orígenes”, o al menos a la etapa “Menken” lo ha dado John Lasseter, artista que ha demostrado de sobra todo su potencial al mando de Pixal. Su participación en Bolt ya nos daba a entender que nuevos tiempos iban a llegar a Disney, y su desembarco en la animación tradicional lo ha demostrado. Si en algo destaca el genio de Lasseter es el saber combinar calidad con técnica, lanzarse al vacío siempre acompañado de un guión inteligente –salvo rara ocasión como ocurrió con Cars, que a Lasseter debió perder el norte-.

Para La princesa y la rana no se cuenta con Alan Menken, no es intención de Disney la dejar a un lado el clasicismo que nos tenía acostumbrado el compositor, la prueba está que en las próximas producciones de la casa el artista está metido de lleno. Randy Newman era el más adecuado de los músicos que se encuentra en “nómina” de la empresa, capaz de transmitir melodías de jazz y blues, seguramente, mejor que Menken.

La dirección ha sido confiado a dos nombres seguros, nada de artistas noveles, ni experimentales, ni modernos… sino a Ron Clements y John Musker. Disney ha apostado a un caballo ganador, no están los tiempos para jugarse un proyecto tan arriesgado, La princesa y la rana, trabajo tradicional que debe competir en los tiempos del 3D. El dúo de directores tiene a su espalda un puñado de obras maestras, además dentro del género musical, que certifica su talento y la decisión más correcta en esta nueva empresa.

Si el ministerio de cultura español pensaba que la animación tradicional estaba muerta –afirmación que parece avalar su nuevo proyecto de ley- se demuestra por enésima vez que el ministerio de cultura de lo que menos sabe es de cultura, al menos en lo concerniente al cine. Dos obras maestras de la animación tradicional están este año nominadas a los Oscar, además de otras tantas que han quedado fuera, y algo importante, la taquilla no les ha dado la espalda. Así que mientras en el mundo le abren las puertas a los dibujos animados, aquí en España se las cierran, como siempre caminamos en dirección contraria.

Con La princesa y la rana, que todo hay que decirlo, el protagonista no es un sapo por mucho que les apene a los traductores, sino que se trata de una rana, se descubre una película sin ataduras creativas, un intento de escapar del convencionalismo y conservadurismo de los anteriores films de Disney. Es cierto que según van pasando los minutos el convencionalismo va engullendo la película, tampoco vayamos a pedir que el blanco se vuelva negro de la mañana a la noche, esperemos ver los próximos títulos. Pero advertimos ráfagas que hacen a la película a abrirse creativamente, es la primera vez que una protagonista Disney es de raza negra, además la historia se ambienta en Nueva Orleáns, y lo más importante, Tania pertenece al proletariado.

Como decíamos antes, seamos pacientes, es cierto que Tania al final logra su objetivo, se casa con un Príncipe y sube en la escala social, además el príncipe Naveen, por muy de raza negra que nos lo pinten, sus rasgos faciales parecen decir lo contrario, y algo podríamos mencionar de Tania, su extrema belleza deja en un segundo lugar la raza a la que pertenece. Y curiosamente el malvado de turno sí tiene unos rasgos de raza negra bien marcados.

Otro detalle a tener en cuenta, que es la primera vez que una película de Disney diferencia entre lo que uno desea y lo que uno necesita, en las anteriores películas los sueños de los protagonistas se hacían realidad, en esta deja bien marcado que la felicidad te lo da aquello que necesitas y no cumplir sueños espectaculares. Aunque volvemos con un pero, Tania logra aquello que necesita y también cumple su sueño. Pero La princesa y la rana no deja de ser un cuento de hadas por muy costumbrista que sea.

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Una Respuesta a “Crítica de la Película Tania y el sapo”

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