
Ethan y Joel Coen son dos cineastas que he de reconocer que siempre me han importado menos que una farola durante el día, eso no quita que considere a Muerte entre las flores (1990) una obra maestra o que Barton Fink (1991) sea una película a recuperar. El resto de su cinematografía no parece realizada o escrita por el mismo tándem que las dos anteriores, la caída en la calidad de sus siguientes producciones hacen dudar si los dos hermanos perdieron el talento por el camino, y si es posible que alguna vez lo recuperen.
Los prejuicios que padezco al respecto de los Coen nacen del intento de Hollywood o de los propios hermanos, de encasillar su obra en un cine de autor, independiente y alternativo. Cuando los cineastas se ha movido en el cine más comercial al que han podido agarrarse, por sus argumentos, sus interpretes o la narrativa. Ni siquiera han logrado un sello particular, el cual nos permita reconocer que una película está realizada por Ethan y Joel Coen sin saber de antemano los créditos, aunque para muchos el humor negro que profesan o centrarse en pequeñas cosas de la vida que en un principio pasan desapercibidas para el ciudadano de a pié, es suficiente para escribir con oro el termino “autor”, pero desde ese punto de vista mas de la mitad de las películas producidas en Hollywood serían de autor.
Larry Gopnik –Michael Stuhlbarg-, profesor de física de una universidad situada en una población tranquila, ha descubierto que su esposa Judith –Sari Lennick- lo va a dejar por un compañero de trabajo. Pero esto solo es el comienzo de una desgracia tras otra que va a sufrir Larry, un hombre correcto, fiel, afectuoso, entregado, buen profesor y por supuesto serio.
Lo Coen nos relata la vida de Larry, que al igual que la mayoría de personas –y sobre todo dentro del universo de Woody Allen- profesa la religión, en este caso la judía, respetando sus tradiciones pero sin ninguna convicción.
Microcosmos que viene presentado por todo aquello y aquellos que giran alrededor del profesor, con un humor inteligente, brillantes diálogos y grandes interpretaciones que a través de situaciones inverosímiles, consigue que la vida anodina del protagonista se convierta en una catástrofe, logrando los Coen que el espectador se divierta y ría de las desgracias de Larry.
Por momentos Un tipo serio nos engaña y nos convence de que esta vez los Coen quieren hacer una película sin intentar venderse al gran público, sin necesidad de contentar a todo el mundo para poder arrasar en taquilla, poniendo los intereses y calidad de la historia por encima de cualquier comercialidad banal, pero solo por momentos.
Las fatalidades que padece el protagonista comienza haciéndonos gracia, pero luego viene otra, otra más y otra, y entonces nos llega esa sensación de “ya visto” y además ya visto hace solo diez minutos, y sucumbimos al aburrimiento, ese truco de hacer situaciones inverosímiles artificiales para crear un cine de autor a su vez artificial les dejo de funcionar hace ya muchas películas.
Si eres de esos espectadores convencidos de la autoría de unos cineastas, que hacen cine al margen de la industria de Hollywood vaya a ver la película y siéntese más intelectual. Si solo busca echar unas risas, sálgase a mitad de la película y no le quedará un mal recuerdo. Si lo que busca es ver buen cine, coja Muerte entre las flores y véala una vez, dos veces y las que haga falta, porque se va entretener y disfrutar aunque la haya visto quinientas veces.
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