
Salomón Shang escribe y dirige Cineclub, una historia en la que nos muestra la decadencia de una pequeña sala de cine de arte y ensayo en paralelo con el deterioro de una pareja formada por uno de los pocos espectadores que continúan acudiendo a la sala -Matthieu Duret-, y la taquillera del cine Ana García Vives-.
Cuando se hace cine para homenajear el cine surge el problema de que no sabemos cual es la línea divisoria entre director y cinéfilo, ocurre cuando vemos el cine de José Luís Garci, con películas como Asignatura aprobada (1987) donde el cinéfilo termina con la labor de dirección, y otro caso contrario como es La última película (The Last Picture Show, 1971) de Peter Bogdanovich, donde la tarea de dirección esta muy por encima de la de cinéfilo, capaz de homenajear al cine y a su vez realizar una obra maestra.
Salomón Shang se acerca más al Garci cinéfilo, aunque sus pretensiones quieran arrimarse a Bogdanovich, este último en La última película nos relataba la decadencia de un cine en paralelo con la decadencia de unos personajes representativos de una sociedad que iba perdiendo sus valores.
Lo que más nos llama la atención de esta película es la defensa que su propio autor ha hecho de la misma, al considerar que su película ha sido rechazada por parte de la Generalitat de Catalunya (CIC) y de la TVC por ir a contracorriente de las normas establecidas por estos organismos.