
La popularidad y el recuerdo en la memoria colectiva de Scherlock Holmes viene dada más por los pastiches literarios de la obra de Arthur Conan Doyle y diferentes adaptaciones a otros medios, que de las novelas empalagosas protagonizadas por el detective.
Conan Doyle aplicaba a sus novelas una formula que recogía de la obra de Edgar Allan Poe, precursor de la novela policiaca y de misterio. El famoso detective Auguste Dupin resolvía los casos después de una meticulosa observación y reflexión, luego se encargaría su amigo –en este caso el narrador- de subrayar las virtudes del detective y explicar al lector la resolución del caso.
Holmes crearía su Dupin particular al que llamaría Scherlock Holmes y daría un nombre al narrador, Doctor Watson. Holmes es un buen boxeador, hábil con la espada, no le faltan conocimientos químicos, músico y un adicto a la droga, la sensibilidad al arte se combinaba en la personalidad del detective con los deseos más oscuros.
Guy Ritchie, realizador que todavía hoy día sigue sacando tajada del único éxito destacable en su carreraza, Snatch (2000), conserva las peculiaridades que Conan Doyle dio a Holmes, pero traiciona la fórmula literaria de la obra, afortunadamente para muchos, desesperadamente para los más puritanos seguidores de la obra de Doyle.
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