
Desde que en 1990 Martín Scorsese estrenara Uno de los nuestros, durante las dos siguientes décadas el director ha ido dando tumbos, desde productos desastrosos, otros explícitamente comerciales, hasta pasar por algunos que se podían salvar por los pelos, pero completamente desechables.
Más de dos décadas después, y teniendo como modelo Corredor sin retorno (1963) de Samuel Fuller, Scorsese de nuevo nos lleva a un universo particular, del que hacia mucho tiempo que no nos tenia acostumbrados.
