
Un nuevo reglamento que sumarse a la ley del cine, esta vez tiene que ver más con la igualdad de género que con otras cuestiones cinematográficas propiamente dichas, pero hay una hediondez más a política barata que una voluntad de ayudar al cine o incluso de encontrar una paridad entre “los” y “las” profesionales de la industria –entiéndase este último término como un eufemismo- cinematográfica española.
La ley viene a decir algo así como que ante dos proyectos similares, se ayudará antes aquel que este realizado por una mujer.
Vale, aquí encontramos algunas contrariedades que me gustaría que alguien me las solucionara.
En primer lugar, parece como si el puesto más importante de una película fuera el de realizador, me explico.
Si se presentan dos proyectos, en el cual uno es producido por una mujer pero realizado por un hombre, ¿se le aplicaría la ley de paridad?, ¿y si el proyecto fuera escrito por una mujer?
Parece ser que solo se recoge la ley de paridad siempre y cuando el proyecto este realizado por una mujer. ¿A caso a las guionistas y productoras de dirección no pueden disfrutar de a una discriminación positiva como sus compañeras de trabajo?
Desde otra perspectiva esta medida es de lo más patosa, lo normal sería que de un proyecto se tuviera en cuenta la calidad por encima de la firma que lleve. El ministerio toma en cuenta esta idea, y la resuelve de la siguiente manera: según ellos no se trata de decantarse por el proyecto realizado por una realizadora, sino que entre dos productos “iguales” se optara más por aquel realizado por una mujer.
En este argumento nos volvemos a chocar con otra contrariedad, ¿Cómo se mide dos proyectos para considerarlos iguales? A esta cuestión el Ministerio argumenta que es algo subjetivo y que solo podrá ser reflexionado por aquellos que tengan que decidir.
En definitiva, todo queda igual, al final serán unos desconocidos que según sus criterios dilucidan quien trabaja y quien no en la supuesta industria española del cine.
Pero esta medida puede traer ciertas consecuencias que beneficiaran más a ciertos pícaros que a las propias mujeres.
Pongamos como ejemplo anteriores medidas, igual de idiotas, que puso en práctica el Ministerio de Cultura.
Fue el caso de que se subvencionaría a realizadores noveles antes que a otros. Se consideraba a un director novel aquel que no hubiera realizado más de tres películas. Esto significa que un mal director con una sola película a su haber iba a recibir más ayudas que un realizador con tres obras maestras a su espalda. Se traducía en grandes realizadores en paro y mediocres realizadores estrenando películas que no iba a ver ni sus padres.
Y es ahora donde entra la picaresca. Un productor presenta un proyecto, y pone al frente del mismo a un realizador novel –y no nos importa que se trate solo de un “negro”-, este productor recibía una subvención, al año siguiente hacía lo mismo y al otro igual. Después echaba a la calle a ese realizador y de nuevo tenía tres años seguidos recibiendo dinero cuando ponía al frente a otro nuevo realizador novel.
Con esta estratagema, lo importante de estos productores no era hacer buen cine, sino ir llenándose los bolsillos con dinero publico, ya que lo notable no era presentar un proyecto de calidad, sino un proyecto que al frente estuviera un realizador novel.
Pues ahora se repite la misma historia, uno como productor no tiene que plantearse la calidad del producto sino poner al frente una realizadora, con el objeto de recibir la subvención.
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